Erick García-Serna
Erickga29@gmail.com
Universidad Hipócrates, Acapulco de Juárez, México.
Astrid Drusila Dagmar González Rodríguez
add.grz@gmail.com
Universidad Hipócrates, Acapulco de Juárez, México.
Anayansi Didina Salgado Salgado
anayansids@gmail.com
Universidad Hipócrates, Acapulco de Juárez, México.
Edwin Yepes González
egyepes@ucompensar.edu.co
Fundación Universitaria COMPENSAR, Bogotá, Colombia
Franz Esteban Rodríguez Franky
ferodriguezf@ucompensar.edu.co
Fundación Universitaria COMPENSAR, Bogotá, Colombia
Neurodiversidad en el aula: perspectivas psicológicas y pedagógicas para una
educación inclusiva
Reflective Analysis on the Intersection of Psychology and Education: Toward Inclusive
and Flexible Learning Models
ISSN-L:3091-1893
10.63803
Gestión editorial
Fecha de recepción (Received): 31 de julio de 2025.
Fecha de aceptación (Accepted): 15 de agosto de 2025.
Fecha de publicación (Published online): 20 de agosto de 2025.
Vol.1 Num.3- 2025
DOI: https://doi.org/10.63803/prisma.v1n3.19
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Neurodiversidad en el aula: perspectivas psicológicas y pedagógicas para una educación
inclusiva
Reflective Analysis on the Intersection of Psychology and Education: Toward Inclusive and Flexible
Learning Models
Resumen
Palabras clave
El presente ensayo ofrece un análisis reflexivo sobre la relación entre
psicología y educación, destacando la necesidad de que los modelos
educativos sean flexibles, inclusivos y adaptados a la diversidad del
aula. Se reconoce que la educación es un proceso dinámico, en constante
transformación, que debe responder a los retos actuales mediante
prácticas que favorezcan el pensamiento crítico, ético y sustentable. La
neurodiversidad se plantea como una vía para comprender y atender las
distintas formas de aprendizaje, promoviendo estrategias que respeten
las diferencias cognitivas y estimulen el desarrollo integral. La
educación inclusiva se analiza como un proceso que trasciende la
integración física, proponiendo un enfoque que elimine barreras y valore
la diversidad como una fortaleza. Finalmente, se resalta la importancia
de la colaboración entre docentes y psicólogos como una mancuerna
esencial para crear entornos formativos más empáticos, equitativos y
eficaces.
Educación inclusiva
Neurodiversidad
Psicología educativa
Abstract
Keywords
This article presents a reflective analysis on the intersection between
psychology and education, focusing on the challenges faced by
contemporary schools in addressing student diversity, rapid social
change, and the demand for more holistic educational models. Education
is viewed as a dynamic and evolving process that must move beyond
rigid structures and adopt flexible, inclusive, and critical approaches.
The concept of neurodiversity is explored as a framework to understand
and support diverse ways of learning, thinking, and interacting, calling
for differentiated pedagogical strategies that nurture individual
potential. The essay also highlights inclusive education as more than
integration—it is a transformative process that values diversity and
works to remove learning barriers. Finally, the collaboration between
educators and psychologists is emphasized as a powerful alliance that
enhances the educational experience, allowing for more comprehensive,
empathetic, and effective responses to students’ needs. This work
advocates for educational models rooted in equity, critical thinking, and
adaptability to meet the realities of 21st-century learning environments.
Inclusive education
Neurodiversity
Educational psychology
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Introducción
En el contexto actual, los sistemas educativos enfrentan desafíos complejos derivados de una
creciente heterogeneidad en las aulas (Barneta y Vargas Guativa, 2020). Las transformaciones
sociales, tecnológicas y culturales, enmarcadas en una dinámica global, han intensificado la exigencia
por una educación que responda a las múltiples realidades del estudiantado. Esta diversidad, que
abarca aspectos sociales, culturales, emocionales y cognitivos, plantea interrogantes sobre la manera
en que se construyen los entornos escolares y se diseñan las prácticas pedagógicas estudiantado
(Blancas Torres, 2018). En este marco, la necesidad de avanzar hacia una educación inclusiva se
posiciona como una prioridad que responde no solo a criterios de equidad, sino también a la
obligación de generar condiciones que garanticen el acceso, la participación y el aprendizaje de todos
los estudiantes (Secretaría de Educación Pública, 2022).
La inclusión educativa, si bien es polisémica (Valerazo-Cueva et al., 2022), sin embargo, también ha
sido entendida como un proceso orientado a eliminar barreras que limitan el aprendizaje y la
participación, implica reconocer que los estudiantes no constituyen un grupo homogéneo. La atención
a esta diversidad exige cuestionar los modelos normativos tradicionales, que durante décadas han
guiado la organización escolar desde una lógica homogeneizante (Llancavil Llancavil y Lagos, 2015).
A fin de reducir las brechas que impiden la plena integración de todos los alumnos, se requiere un
enfoque que considere la variabilidad neurológica como parte inherente de la condición humana. Es
en este punto donde el concepto de neurodiversidad adquiere relevancia, al proponer una mirada no
patologizante de las diferencias cognitivas y conductuales, entre ellas el trastorno del espectro autista,
el TDAH o la dislexia, reconociéndolas como expresiones legítimas de la diversidad humana
(Armstrong, 2012).
Este reconocimiento demanda, en el ámbito de la práctica docente, una transformación en la manera
de comprender y abordar las necesidades educativas, prestando mayor atención a una planeación, así
como adaptación curricular (Jiménez Carrillo, 2020). Asumir la neurodiversidad como un principio
implica que el profesorado se encuentre preparado no solo en lo pedagógico, sino también en lo que
respecta a la comprensión de las particularidades psicológicas de los estudiantes (Amador Fieeros et
al., 2020). La colaboración entre docentes y profesionales de la psicología resulta fundamental para
diseñar estrategias que favorezcan una enseñanza sensible a la diversidad neurológica. Tal
articulación permite incorporar elementos diagnósticos, emocionales y conductuales que enriquecen
la intervención educativa y promueven climas escolares s inclusivos (Unidad de Servicios de
Apoyo a la Educación Regular, 2017).
Por tanto, este trabajo tiene como objetivo realizar una aproximación a la literatura científica que
vincula la práctica docente con el quehacer del psicólogo, con el propósito de reflexionar sobre las
perspectivas psicológicas y pedagógicas que permiten reconocer y atender la neurodiversidad
presente en el aula. Esta reflexión se orienta hacia la construcción de entornos educativos más
equitativos, desde una comprensión integral del estudiante, y en consonancia con los principios que
sustentan la educación inclusiva.
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Metodología
El presente trabajo se desarrolla desde un enfoque cualitativo, de tipo exploratorio y reflexivo, basado
en el interés por comprender fenómenos educativos complejos en su contexto natural y desde la
perspectiva de los actores involucrados. En el libro de Metodología de la investigación (Hernández
Sampieri et al., 2014) se menciona que la investigación cualitativa permite examinar significados,
prácticas y experiencias, priorizando la interpretación sobre la medición cuantitativa. Este enfoque se
articula con los planteamientos que destacan que la investigación cualitativa busca comprender los
fenómenos sociales en su complejidad, a través de procesos de interpretación contextualizada (Flick,
2018).
A partir de esta lógica, el presente estudio fue organizado en cuatro fases metodológicas articuladas,
conforme al objeto de estudio. Cada fase respondió a un criterio de progresión investigativa,
integrando búsqueda de literatura, análisis reflexivo y contextualización práctica, como se describe a
continuación:
Fase 1. Delimitación temática mediante discusión académica
La primera fase correspondió a la delimitación del tema a través de una mesa redonda entre los autores
del trabajo. Este espacio de intercambio permitió identificar áreas de interés relacionadas con la
investigación pedagógica, el liderazgo docente y los retos actuales de la práctica educativa. Las ideas
para investigar surgen de la experiencia, la interacción y la observación crítica del entorno (Taylor y
Bogdan, 1994). A partir del cruce de estos ejes y de una reflexión colectiva se estableció el enfoque
central del trabajo: la neurodiversidad en el aula y su abordaje desde perspectivas psicológicas y
pedagógicas orientadas a la educación inclusiva.
Fase 2. Revisión documental y criterios de inclusión
En la segunda fase se realizó una revisión de literatura bajo criterios de inclusión que privilegiaron la
actualidad, pertinencia temática y respaldo institucional o académico. Se emplearon motores de
búsqueda académicos reconocidos como SciELO, Redalyc, Google Académico y Google Books,
además de documentos publicados por organismos internacionales y gubernamentales (UNESCO,
OCDE, entre otros). Para la selección y sistematización del material, se siguieron los lineamientos
propuestos sobre el análisis de contenido (Bardín, 2020), así como las recomendaciones respecto al
uso crítico y estratégico de la revisión bibliográfica en investigación cualitativa (Booth y
Papaioannou, 2016).
Fase 3. Análisis interpretativo y contextualización experiencial
A través del análisis de los textos seleccionados y su contraste con experiencias del trabajo educativo
en campo, mediante observación sistemática no estructurada y registros anecdóticos. Realizándose
bajo una lógica interpretativa, con base en categorías emergentes identificadas en la literatura y la
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práctica profesional. El conocimiento cualitativo se construye desde la experiencia situada del
investigador, quien interpreta los fenómenos educativos a partir de la interacción con su contexto
(Stake, 1995). De igual forma, (Denzin y Lincoln, 2018) subrayan que la triangulación entre fuentes
documentales, experiencias personales y observación empírica fortalece la validez de los hallazgos.
Fase 4. Sistematización y elaboración del trabajo final
Finalmente, la información obtenida fue organizada y sistematizada para la redacción del documento.
Esta etapa implicó la estructuración argumentativa del contenido, la articulación de las perspectivas
teóricas revisadas y su adaptación a los requisitos editoriales de la instancia a la cual será enviado. Se
asumió, como señalan (Cresswell y Poth, 2018), que la presentación de resultados en estudios
cualitativos requiere coherencia narrativa, reflexividad y claridad conceptual, lo cual se procuró en
todas las etapas del trabajo.
Resultados y discusión
Educación: concepto, fundamento en México e importancia
La educación es un proceso social, sistemático y deliberado, orientado al desarrollo integral de las
personas en todas sus dimensiones: cognitiva, afectiva, social y ética. Es, además, una herramienta
fundamental para la transmisión y recreación de la cultura, la formación del juicio crítico y la
participación activa en la vida comunitaria. La educación representa un medio por el cual las
sociedades aseguran su continuidad y evolución, al interiorizar en los individuos las normas, valores
y conocimientos que permiten la vida colectiva.
En el contexto latinoamericano, autores como (Freire, 2018) destacan el papel emancipador de la
educación, entendida no solo como formación académica, sino como práctica transformadora, que
permite a los sujetos interpretar su realidad y actuar críticamente sobre ella. Así, la educación
trasciende la instrucción para convertirse en un proceso de concientización y humanización.
En México, el fundamento legal de la educación se establece en el artículo 3.º de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos. A partir de la reforma educativa publicada en el Diario
Oficial de la Federación el 15 de mayo de 2019, durante el gobierno de Andrés Manuel López
Obrador, se introdujeron cambios sustantivos al marco constitucional. Entre ellos, se reconoció el
derecho de toda persona a una educación de excelencia y se establecieron principios como la equidad,
la inclusión, el respeto a la diversidad, la integralidad, la interculturalidad y el enfoque de derechos
humanos (Secretaría de Gobernación, 2019). Además, se reafirmó el carácter laico, gratuito y
obligatorio de la educación impartida por el Estado, al tiempo que se incorporaron nuevas
orientaciones como la educación con perspectiva de género, el desarrollo sostenible y el
fortalecimiento de las escuelas normales.
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La importancia de la educación radica en su capacidad para reducir desigualdades, fomentar la
cohesión social y contribuir al desarrollo sostenible. La United Nations Educational, Scientific and
Cultural Organization [UNESCO], (2020) ha subrayado que una educación de calidad inclusiva y
equitativa es esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que facilita el
empoderamiento de las personas y fortalece la justicia social. De este modo, el papel de la educación
en sociedades plurales y desiguales, como la mexicana, es fundamental para garantizar la
participación democrática y el ejercicio efectivo de los derechos.
Modelos educativos: concepto, funciones y características
Los modelos educativos son representaciones teóricas que orientan el proceso de enseñanza-
aprendizaje. Constituyen marcos de referencia que integran fundamentos filosóficos, pedagógicos,
psicológicos y socioculturales, y que permiten organizar y dar coherencia a los distintos elementos
del acto educativo. Como lo plantean (Díaz Barriga y Hernández Rojas, 2002), un modelo educativo
define las concepciones sobre el sujeto que aprende, el rol del docente, los contenidos de enseñanza
y los métodos pedagógicos que se privilegian.
Entre sus funciones principales, los modelos educativos permiten articular los fines de la educación
con las prácticas institucionales, orientar el diseño curricular y establecer criterios de evaluación. Así
mismo, expresan una postura ideológica respecto al conocimiento y su apropiación, lo cual se refleja
en el tipo de competencias, saberes y valores que se promueven.
En México, el “Modelo Educativo para la Educación Obligatoria” presentado por la Secretaría de
Educación Pública [SEP] (2017) propuso una reorganización de los componentes curriculares con
base en aprendizajes clave, habilidades socioemocionales y un enfoque centrado en el estudiante.
Aunque dicho modelo fue modificado con la reforma de 2019, su énfasis en la formación integral y
en el desarrollo de competencias sigue vigente como principio orientador.
Desde una perspectiva crítica, los modelos educativos no son neutros, sino que reflejan relaciones de
poder, ideologías dominantes y disputas sociales. En este sentido, su análisis debe considerar el
contexto sociopolítico en el que se inscriben y las tensiones entre los discursos oficiales y las
realidades escolares.
Renovación e innovación en la educación: una necesidad emergente
En las últimas décadas, la transformación acelerada de los entornos sociales, culturales, tecnológicos
y medioambientales ha obligado a los sistemas educativos a replantear sus objetivos, contenidos y
métodos. Esta necesidad de renovación se articula con una concepción dinámica de la educación, que
deja atrás enfoques centrados en la memorización y la reproducción de conocimientos, y apuesta por
el desarrollo del pensamiento crítico, reflexivo y analítico.
Autores como (Morin, 1999) señalan la urgencia de una reforma del pensamiento que permita
enfrentar la complejidad de los problemas contemporáneos desde una lógica interdisciplinaria y ética.
En esta misma línea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [OCDE] (2018)
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ha promovido una visión de la educación como instrumento para formar ciudadanos globales, capaces
de actuar con responsabilidad frente a los desafíos del siglo XXI, incluyendo el cambio climático, la
desigualdad y la transformación digital.
La innovación educativa no se limita a la incorporación de tecnologías, sino que implica una
transformación estructural de las prácticas pedagógicas, de la cultura institucional y de los fines
mismos de la educación. Esta innovación debe promover una educación orientada por principios de
sustentabilidad, responsabilidad social, inclusión, equidad, y respeto a la diversidad, en donde se
privilegie el aprendizaje colaborativo, la resolución de problemas y la formación ética.
Desde esta perspectiva, renovar la educación implica también incorporar temas transversales como
el medio ambiente, la justicia social y la diversidad humana, reconociendo que estos elementos no
son accesorios, sino condiciones esenciales para una formación pertinente y con sentido. La inclusión
de la neurodiversidad en el aula se inserta en este marco, como parte de una transformación educativa
más amplia que reconoce la multiplicidad de formas de aprender, sentir y construir conocimiento.
Neurodiversidad y estilos de aprendizaje
El concepto de neurodiversidad surge como una manera de reconocer y validar la variabilidad
neurológica presente en la población, entendida no como patología o déficit, sino como una expresión
natural de la diversidad humana. Según (Singer, 1998), quien acuñó el término, la neurodiversidad
implica que las condiciones como el autismo, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad
(TDAH), la dislexia, entre otras, no deben ser abordadas exclusivamente desde un enfoque médico o
clínico, sino desde una perspectiva que valore las diferentes formas de procesar información y
relacionarse con el entorno. Este enfoque ha sido retomado en el ámbito educativo para diseñar
estrategias que promuevan la inclusión y respondan a las necesidades individuales del estudiantado.
En contextos escolares, asumir la existencia de aulas neurodiversas implica que el diseño y la práctica
pedagógica deben considerar múltiples formas de aprender y expresarse. Las estrategias de enseñanza
y aprendizaje para estos entornos requieren enfoques diferenciados, flexibles y centrados en el
estudiante. La diferenciación pedagógica permite ajustar contenidos, procesos, productos y ambientes
según los intereses, habilidades y estilos de aprendizaje del alumnado, lo cual resulta fundamental
para una atención educativa eficaz en grupos heterogéneos.
La comprensión de los estilos de aprendizaje complementa esta mirada. (Kolb, 1984) plantea que las
personas aprenden mediante una combinación de experiencias concretas, observación reflexiva,
conceptualización abstracta y experimentación activa, dando lugar a diferentes estilos predominantes.
Por su parte, (Felder y Silverman, 1988) proponen una clasificación basada en dimensiones como
activo-reflexivo, sensorial-intuitivo, visual-verbal y secuencial-global. Estos marcos teóricos aportan
herramientas para que los docentes reconozcan las preferencias cognitivas del alumnado y ajusten sus
métodos, evitando prácticas homogeneizadoras que obstaculicen la inclusión.
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Además, los productos de aprendizaje constituyen una evidencia tangible del desarrollo de
competencias y deben diseñarse considerando las particularidades cognitivas y comunicativas de cada
estudiante. La flexibilidad en su formulación permite ofrecer diversas formas de mostrar lo aprendido,
desde presentaciones orales o escritas hasta recursos audiovisuales, esquemas gráficos o producciones
colaborativas. Esta multiplicidad de productos no solo favorece la participación, sino que suma como
esfuerzo que legitima los diferentes modos de construcción del conocimiento.
La formación integral se convierte, entonces, en un objetivo prioritario en contextos educativos donde
se reconoce la neurodiversidad. Esta formación, entendida como el desarrollo armónico de
dimensiones cognitivas, emocionales, éticas y sociales, exige un compromiso por parte de las
instituciones y del cuerpo docente para establecer condiciones que favorezcan el aprendizaje
significativo y el bienestar de todo el estudiantado (United Nations Educational, Scientific and
Cultural Organization, 2017). El reconocimiento de la diversidad neurológica en las aulas representa,
en este sentido, no solo un desafío organizativo o metodológico, sino una oportunidad para avanzar
hacia modelos educativos más humanos, equitativos y democráticos.
Educación inclusiva: Tipos, quehacer docente y colaboración con la psicología
La educación inclusiva es un enfoque pedagógico, ético y político que promueve el derecho de todas
las personas a una educación de calidad, sin discriminación y con equidad de oportunidades,
reconociendo y valorando la diversidad en todas sus formas. Según la UNESCO (2009), se trata de
un proceso que busca responder a las necesidades de todos los estudiantes, reconociendo sus
diferencias como parte integral del aprendizaje, y no como obstáculos a superar. Este enfoque no solo
se refiere a personas con discapacidad, sino también a estudiantes que enfrentan barreras derivadas
de condiciones sociales, culturales, lingüísticas, étnicas o de género.
Existen diversos tipos o niveles de inclusión educativa, desde los modelos s sicos de integración
en los cuales el estudiante se adapta a un sistema preexistente hasta modelos de inclusión plena,
donde el sistema se transforma para atender a la diversidad. (Ainscow y Booth, 2011) proponen un
enfoque de desarrollo de culturas, políticas y prácticas inclusivas, donde la participación de todos los
actores educativos resulta esencial. En este sentido, la inclusión no es una acción puntual, sino un
proceso continuo de transformación institucional.
El quehacer docente en un contexto inclusivo exige un compromiso ético y profesional con el diseño
de ambientes de aprendizaje accesibles, flexibles y significativos. Los docentes deben planear
actividades con base en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), una propuesta que permite
generar oportunidades de acceso, participación y logro para todos los estudiantes, considerando sus
necesidades particulares (Kelly et al., 2022). Este enfoque propone tres principios clave: ofrecer
múltiples formas de representación, de acción y expresión, y de implicación o motivación. Además,
el docente debe desarrollar competencias para identificar barreras al aprendizaje y trabajar de forma
colaborativa con otros profesionales.
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En este contexto, la colaboración entre docentes y psicólogos se vuelve fundamental para
implementar prácticas inclusivas sostenibles. El psicólogo educativo aporta herramientas
diagnósticas, estrategias de intervención psicoeducativa, y elementos para fortalecer el desarrollo
socioemocional del alumnado. En contextos escolares debe participar activamente en el diseño
curricular, la atención a necesidades específicas y la orientación al personal docente y a las familias.
Esta mancuerna entre educación y psicología permite abordar la diversidad desde una mirada integral
que combina conocimientos pedagógicos con fundamentos del desarrollo humano, la motivación, la
autorregulación y los procesos cognitivos y afectivos.
Una educación verdaderamente inclusiva requiere romper con modelos homogéneos, promover una
cultura institucional de respeto a la diferencia y fomentar prácticas interdisciplinares que garanticen
el aprendizaje y el bienestar de todo el estudiantado. La interacción entre docentes y psicólogos no
solo favorece una mejor comprensión de las necesidades educativas, sino que fortalece una visión
holística del aprendizaje como proceso humano, social y ético.
Conclusión
La presente reflexión permite comprender que la educación, por su naturaleza social y humana, es un
proceso en constante transformación. No puede permanecer estática ante los retos contemporáneos,
como lo son la diversidad de estudiantes, los cambios tecnológicos, los desafíos ambientales y las
exigencias sociales. La escuela de hoy debe ser un espacio dinámico, flexible y comprometido con la
formación integral del ser humano, por lo que urge transitar hacia modelos educativos que no solo
transmitan contenidos, sino que fomenten el pensamiento crítico, la ética, la creatividad, la
responsabilidad social y la inclusión.
Se vuelve relevante reconocer que la neurodiversidad no es una condición que debe corregirse, sino
una manifestación legítima de las múltiples formas en que las personas aprenden, piensan, sienten y
se desarrollan. Promover la educación en contextos neurodiversos implica construir estrategias de
enseñanza diferenciadas, centradas en el estudiante, que permitan que cada persona desarrolle su
potencial a partir de sus fortalezas, intereses y formas particulares de aprender. Comprender y valorar
esta diversidad cognitiva es una condición esencial para el logro de una educación justa, equitativa y
verdaderamente humana.
Asimismo, las relaciones colaborativas entre docentes y psicólogos adquieren un papel central en este
escenario. La inclusión no es tarea de un solo profesional, sino el resultado del trabajo conjunto entre
quienes diseñan, ejecutan, acompañan y evalúan los procesos educativos. El docente aporta el
conocimiento pedagógico, la experiencia didáctica y la cercanía cotidiana con el aula; el psicólogo
contribuye con una mirada analítica, empática y científica sobre el comportamiento, las emociones,
los estilos de aprendizaje y el entorno familiar y social del estudiante. Esta mancuerna no solo
enriquece la práctica educativa, sino que permite generar estrategias más efectivas, sensibles y
adaptadas a las necesidades reales del alumnado.
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Por lo tanto, se concluye que los modelos educativos deben responder a esta nueva realidad,
alejándose de esquemas tradicionales y rígidos, para transformarse en propuestas pedagógicas
abiertas, interdisciplinarias y sensibles a la diversidad. Estos modelos deben integrar el uso ético de
las tecnologías, el enfoque en competencias, la responsabilidad social, la sustentabilidad y la
formación integral. Es decir, deben entender al estudiante como un sujeto activo, diverso y complejo,
que aprende en interacción con su entorno y que requiere de una educación que lo prepare para
enfrentar los retos de un mundo cada vez más interconectado e incierto.
En este sentido, el enfoque hacia una educación inclusiva basada en la neurodiversidad ofrece una
oportunidad invaluable para redefinir la función social de la escuela. Al legitimar la multiplicidad de
formas de aprender y de estar en el mundo, se fortalece la posibilidad de una educación emancipadora,
centrada en el respeto mutuo, la participación democrática y la justicia cognitiva. Así, el aula se
convierte no solo en un espacio de aprendizaje, sino también en un escenario de reconocimiento,
equidad y construcción colectiva de saberes, donde la diversidad no es un reto que gestionar, sino una
riqueza que potenciar
Lograr una educación verdaderamente inclusiva, flexible y humanista implica replantear las prácticas
escolares, reconocer la diversidad como riqueza, fortalecer los vínculos interprofesionales e impulsar
una transformación profunda en los modelos educativos. Solo así será posible garantizar que todas
las personas, sin excepción, tengan acceso a una formación significativa, equitativa y con sentido.
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